La noche del día en que el nuevo técnico del Tri fue oficialmente presentado, discutían en un programa de radio deportiva para los hispanos en Estados Unidos tres comentaristas. Los primeros dos, importados desde la prensa mexicana; el tercero, un méxico-americano hecho en los medios de allá. Los dos primeros criticaban con amargura la decisión de la Federación mientras el tercero intentaba hacerles ver que no se trataba del fin del mundo. “Yo esperaba a alguien con más palmarés, un Marcelo Bielsa”, dijo uno de los importados. “¿Pero sabes tú, por ejemplo, cuántos títulos ganó Telé Santana con Brasil?”, inquirió el tercero; “en estos momentos no te manejo ese dato”, respondió ruborizado aquél, sin advertir que se trataba de una pregunta retórica.

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Una buena discusión que pudo haber sido y no fue. Más allá de que el criterio palmarés ciertamente no es aplicable para Bielsa porque el argentino tiene más bien poco, el no manejar el dato del Brasil de Telé Santana en España 82 y México 86 implicó abandonar el dilema histórico del futbol por antonomasia: ¿jugar bello y perder o jugar feo y ganar?, ¿jugar como el Scratch de Zico, Sócrates y Falcão para salir con las manos vacías o jugar como el de Scolari para ganar el mundial? Flaco favor nos hacen, y se hacen, con esos comentarios omnipresentes en nuestros medios que cargan más de sentimiento –euforia o amargura– que de datos e información.

Hay una película española setentera, Solos en la madrugada, que audazmente narra la historia de un locutor de radio cuyo programa –intitulado homónimamente– arranca con un “es la uno en punto de la madrugada, transmite Unión Radio España” y acto seguido se presenta como “un espacio de reflexiones al alcance de todos los españoles”. La narración es audaz porque la ficción corre paralela a la realidad histórica de una sociedad en transición de la dictadura franquista a la apertura democrática: José Miguel García Carande, el locutor, rompe todos los paradigmas en su medio pero padece una aguda crisis personal, incapaz de divorciarse (por no estar legislado el divorcio como tal) y reticente a dejar a la madre de sus hijos en brazos de otro hombre. Tal es su éxito que un día su jefe lo aborda: “¿Ves? Todo llega en esta vida ¿no ha llegado la democracia? ¡Pues también ha llegado lo tuyo ¡la BBC! De momento ya, la corresponsalía y te irás integrando a los magazines de la BBC televisión… No es necesario que me beses en la boca”.

García Carande recibe el anuncio anonadado, aunque tras semanas de cavilaciones decide rechazar la oferta y su jefe sólo atina a preguntar qué pasa. Y responde:

Pues pasa que hablo el inglés fatal y pasa que me veo en Londres más solo que aquí, que ya es decir, jugando al mus con el corresponsal de El País el de Televisión [Española] y algún que otro desesperado más. Escúchame y no te cabrees… ¡Y además, que me apetece estar aquí ahora que estamos pariendo este invento de la primera república monárquica o como se llame, no lo sé!

Yo no sé cómo ni sé la manera, pero ahora más que nunca intuyo que tenemos que hacer una radio nueva. Eso que decimos siempre de que “la radio es vida” es verdad. Hay que hacer una radio que nos sirva a todos: a los que la hacemos y a los que la escuchan. ¡Tenemos que hacer que esto en lo que nos dejamos el pellejo sirva para algo!  Escúchame, no te hablo de política, te hablo de comunicación. En la posguerra había unos tíos que hacían radio para todos y los que la escuchábamos, los niños, los mayores, vivíamos pendientes de ella. Joder, es que nos ayudaban a vivir. Y era a veces, pocas veces, muy pocas si tú quieres, como una forma de cultura… ¡Pues hay que conseguir esa comunicación, que tendría que ser distinta, ya lo sé, pero tenemos que conseguir que la radio vuelva a ser aquello que nos dejaba con la boca abierta y que hizo que por lo menos nuestra generación tuviera imaginación! Eso sé que quizá no lo vaya a hacer aquí, pero donde estoy seguro que no lo voy a hacer es en Londres ¿me entiendes?

Con su diálogo-monólogo, García Carande dio delante de su jefe con la tecla que ayuda a hacer de una etapa de transición incierta e incipiente menos una crisis y más un desafío: hacer comunicación en un contexto democrático demandaba rescatar sólo lo rescatable y desechar todo lo inservible del pasado dictatorial español, lo que él llamó hacer una radio nueva, o medios, para todos. Esto es, si no siempre mejores, sí más diversos y más incluyentes. Hoy uno revisa la oferta de la prensa española y no sólo es más diversa en cuanto a número de deportes, sino también en cuanto a productos y tratamientos: documentales para televisión, análisis tácticos, libros, monografías, podcasts, etcétera. Estándares mínimos de calidad sin dar marcha atrás aunque haya crisis y desempleo.

De los medios deportivos españoles se puede decir que inclusive sus anacronismos sufrieron también un cambio en el tiempo. Hasta el periodismo forofo —por el cual medios y periodistas se convierten respectivamente en oficinas de comunicación institucional y publirrelacionistas al servicio de los clubes poderosos como el Real Madrid o el Barcelona– se transformó. Eduardo Inda, un ex director del diario Marca, acusado de forofo del Madrid, y quien solía arrancar sus videoblogs con un “¡Qué tal, marquistas!”, hace poco publicó un libro, La intocable, en el que documenta el conocimiento de la Infanta Cristina de España en los actos de corrupción de su cónyuge ligados al gobernante Partido Popular. A Inda, polémico, no es raro verlo metido en debates muy subidos de tono con políticos anti-sistema como Pablo Iglesias de Podemos. ¿Sobrevive la comunicación forofa? Sobrevive, pero cambió.

En la prensa deportiva mexicana no hay documentales, no hay libros, no hay análisis ni monografías ni podcasts ni demás. Quizá tampoco sea para todos: ni diversa ni incluyente y la tragedia es que lo anacrónico no está hoy pasado de moda porque no hubo nunca ese momento de transición entre lo viejo y lo nuevo. Las nuevas tecnologías comunican las viejas opiniones despampanantes de sentimiento y ligeras de datos, el meme se vuelve periodismo y la toma que capta al nuevo técnico del Tri con los ojos cerrados y la cabeza echada atrás copa portales y líneas de tiempo. Saber, por ejemplo, que la corrupción de la FIFA empezó a documentarse años atrás por prensas y periodistas de otros países es saber que en esto madrugaron a la mexicana y ésta ni cuenta se dio.

Las más de las veces los comentaristas mexicanos parecen estar solos en la madrugada, aunque el suyo no sea un espacio de reflexiones al alcance de todos los mexicanos.

César Martínez