diciembre 9, 2015

Pumas-América y la vida nacional

Estoy muy lejos de ser un experto en futbol (mundial o nacional), pero dudo mucho que exista otra liga en la que, como en México, clasifiquen a la “liguilla” 8 de 18 equipos (es decir, el 44% de los equipos que participan en el torneo). Ciertamente, no existe nada parecido en ningún país que tenga un futbol medianamente respetable, pues simple y sencillamente un torneo lo gana el equipo que haga más puntos. Es decir, el equipo que a lo largo de un torneo de mucho meses hace un esfuerzo sostenido por jugar bien, por hacer más puntos, por ganar todos y cada uno de los partidos que juega. En el caso de México, este esfuerzo está mediado y adormecido por unos torneos cortos en los que basta ser el octavo en la tabla (es decir, estar hacia la mitad de la misma) para pasar a la liguilla. ¿Hasta cuándo seguirá el futbol mexicano escenificando estos mini-torneos en los que, por una parte, a los jugadores no les da tiempo de dar lo que podrían dar, de compenetrarse con sus compañeros y de asimilar cabalmente un sistema de juego y, por otro lado, a los entrenadores no les da tiempo de consolidar absolutamente nada? Por eso la interminable rotación de jugadores, por eso la interminable rotación de entrenadores, por eso la imposibilidad que se dé eso que antes se llamaba “el amor a la camiseta” y por eso también muchos estadios semivacíos. En lo que al juego se refiere, las consecuencias están a la vista para cualquiera que tenga la paciencia de sentarse a ver un partido de la temporada regular de la Liga MX (supongo que ser seguidor del Atlas, como es mi caso, tampoco ayuda mucho para entusiasmarse por nuestro futbol).

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noviembre 30, 2015

Pumas y los árbitros

La impresión es que Pumas no manifestó su superioridad ante el último equipo clasificado a la liguilla y –por ello– en los últimos momentos del duelo en Ciudad Universitaria, los superlíderes del torneo regular se valieron de faltas tácticas, de provocaciones al adversario, de lesiones fingidas y de tiempo perdido deliberadamente a fin de pasar de ronda y seguir con vida. A esa primera impresión, más aún, se le suma otra incluso más polémica sobre si los felinos resultaron beneficiados por arbitrajes poco valientes: no es pues un debate sobre si la tecnología hubiese mejorado los juicios del silbante (aplicada y sancionada hoy sólo en lo relativo a la línea de gol), sino uno sobre las conductas de jugadores y árbitros en un escenario o situación límite.

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