noviembre 16, 2015

Gignac: libre y loco

Allí donde se admite la intolerancia teológica,
es imposible que ésta no tenga algún efecto civil…

—Jean-Jacques Rousseau

Marchándose del Olympique de Marsella para jugar en México, su carrera en la selección de Francia parecía terminada. A pesar de que su excelente última campaña en la liga francesa y el fin de su contrato despertaban interés por él desde Inglaterra, España e Italia, prefirió no obstante cambiar aires y fichar por los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Incomprensible, decían sus compatriotas. Pero su racha goleadora en el Universitario de San Nicolás de los Garza aunada a un escándalo judicial de dos de las estrellas galas propició su regreso con Les Bleus en el mismísimo Stade de France.

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julio 13, 2014

La final. El final.

fut

Contrario a la tradición reciente, y contrario a lo que decía alguien en los comentarios del análisis previo al partido, la final fue un digno cierre al mejor campeonato mundial de las últimas dos décadas. Un mundial que empató la marca de más goles anotados, 171, en Francia ’98.

Terminó, al igual que en Sudáfrica 2010, en tiempo extra. Y, al igual que hace cuatro años, con una genialidad. No fue El Fantasma Iniesta, uno de los dos pilares de la gran Furia. Fue Mario Götze, un recambio que no había lucido desde la gran telenovela del verano pasado, cuando dejó Dortmund por Munich. Sustituto, frío, bajo de ritmo, lo que gusten decir. Recibió con clase un gran pase filtrado de Schürrle –otro remplazo– y batió a un Romero que poco pudo hacer. El cierre tenía que ser genial.

Se puede discutir que los cambios de Sabella fueron como los del Piojo, y tal vez eso influyó. Sin duda la salida de Lavezzi –fundido tras 45 minutos– le rompió el esquema. Cierto, parecía cambio ofensivo: entró Agüero con la idea de sentenciar con un solo tanto. Pero Argentina perdió fuelle y conexión. Agüero, Messi e Higuaín lucían separados en la última línea sin el Pocho. La Pulga, en el momento que más se esperaba su brillo, se fue despintando. Dio una gran primera parte, tuvo a la defensa alemana en jaque y después se fugó. Las tomas lo mostraban caminando, desganado. Será la fatiga acumulada, será la loza de un año sin títulos, pero una vez más, Messi se quedó corto ante la consagración. El debate continuará otros cuatro años y con casi absoluta certeza el resto de su carrera. ¿Es el mejor? Los quisquillosos diremos que Brasil 2014 lo ha bajado un peldaño debajo de Maradona, Pelé y Di Stefano. Diego Armando fue a cuatro mundiales y sólo uno fue excelso. Pero cargó a un equipo similar al de Messi hoy. Y lo hizo hasta el final. En cambio Messi se volvió a quedar corto. Nunca lo vimos encanchado. Siempre inexpresivo, cuando lo que acostumbra es sonreír cuando tiene el balón enfrente. Por eso se le extinguió la magia, por eso sólo fue un crack de chispazos. El partido lo terminó él, con un tiro libre alejado de todo, de la portería, de su realidad. 

Le queda uno, hasta dos mundiales. Pero al siguiente llegará de 31 años. Es posible que ya pasado su pico.

Curioso –por no decir cruel para el futbol– que Messi se alzara con el Balón de oro. Ni él al recibirlo estaba de acuerdo. La FIFA, en una de esas decisiones que la convierten en un organismo incomprensible y hasta cierto punto cínico, premió al mejor jugador del mundo en uno de los peores momentos de su carrera. Podemos discutir hasta el cansancio sobre el anti-fair play de Arjen Robben. Pero el holandés, por nombrar a uno de tantos, tenía más méritos para recibirlo.

Del otro lado, Alemania regresó al esquema cauteloso de 2010. Por un momento parecía que Argentina sacaría el resultado. La albiceleste presionó a la Mannschaft por largos períodos, y la poca punta de su ofensiva fue la que le negó el triunfo. Más cerca estuvo Argentina en la primera parte, aunque al final un cabezazo alemán retumbó el poste. Primero fue Higuaín tras un regalo infantil a los pies, luego un fuera de lugar –bien señalado– que negó el gol. Después fue el inexplicable Rodrigo Palacio, hombre de quien Sabella siempre dependió durante el campeonato. Tuvo una, en la que no corrió, en la que el Pipita por lo menos hubiera hecho el intento. Y luego en el uno a uno frente a Manuel Neuer –el mejor portero de la actualidad– desperdició. Como decían varios: son los fallos que los perseguirán el resto de sus días. Neuer, en cambio, siempre tuvo la frialdad necesaria. Jugó el área, jugó el primer cuarto de cancha. Como los porteros aguerridos de antaño, que de líberos fungían. Ojalá que con él regrese la posición a lo que era y por fin nos olvidemos de los porteros que nunca abandonan la línea de gol.

Del partido no hay mucho más que decir. Ganan los que aprovechan, pierden los que perdonan.

Del mundial nos quedamos con varias cosas. Con la gran primera ronda de México –dadas las condiciones en que llegó–. Con los 82 minutos que tuvo a Holanda sometido. Pero también con la cantaleta conocida: jugamos como nunca y… ya saben el resto de la frase.

Nos quedamos con la sorpresa de Costa Rica, el verdadero caballo negro del mundial. Con un futbol alegre y sin miedo, que sorprendió a tres campeones del mundo y a uno de Eurocopa. Aunque al final la experiencia y el cancherismo holandés los dejaron fuera.

También nos quedamos con la humillación brasileña, la cual todos los que amamos este deporte –y hasta los que no– recordaremos durante las siguientes décadas. A pesar de la soberbia de Scolari, quien después de una segunda humillación el sábado dijo que este scratch será recordado por terminar como cuarto lugar, todos sabemos que éste ha sido el peor Brasil desde que hay registro. Como comentábamos días atrás: el contraste entre Alemania y ellos. Cuando uno estaba en lo más bajo, reconstruyó, y ahora es campeón. Ahora que el otro está en la misma posición, peca de incredulidad; como si el resultado fuera un accidente, no una consecuencia. Esperemos que en cuatro años hayan comprendido mejor la catástrofe.

El arbitraje tuvo puntos buenos y malos. La tecnología en la línea de gol cumplió su cometido. Fue alabada como innovación, cuando en el tenis hace más de un lustro que se utiliza. Sería bueno mantenerla. Funcionó. Quizás algunos modernizadores dirán que también es momento de utilizar repetición instantánea, tal vez hora de meter un sistema de desafíos como en el futbol americano. Para evitar fueras de juego dudosos, para rectificar penales inexistentes. De este lado somos puristas, y creemos que el error es parte del juego. Pero siempre se puede evolucionar.

Las protestas, aquellas que todos temíamos, en particular si Brasil sufría la calamidad que al final ocurrió, no fueron noticia. Sí los desmanes, sí la pobreza, sí cosas que debemos seguir teniendo en cuenta, más ahora que vienen las olimpiadas de Río de Janeiro en 2016. Si hubo notas extra-cancha, fueron las penosas que involucran a nuestros compatriotas. En algún momento circuló la estadística -espero que inventada–: de 11 extranjeros detenidos allá, 9 eran mexicanos. Como cada mundial desde 1998, una parte de nuestros representantes destacó por lo negro. (La flama eterna extinta con orines en Francia, el freno de emergencia jalado por primera vez en Japón 2002, el mexicano dormido en el búnker en 2006, y la bufanda en el cuello de Mandela en 2010, por contar algunos.)

Pero, al concluir todo, Brasil nos deja con grandes recuerdos. Goles maravillosos como el de James Rodríguez, atajadas prodigiosas como las de Guillermo Ochoa. Equipos que rindieron todo en la cancha, algunos que dieron más de lo que podían. Al final se coronó el que lo merecía –con todo y que este deporte casi siempre es injusto–. Ganó Alemania. Triunfó el futbol. Decíamos cuando se abrió este sitio que los desmanes, los altos costos, la corrupción y las protestas podrían terminar con los mundiales después de 2014. 

Parece que no. Parece que seguiremos con muchos años del juego más bonito del mundo.

Que así sea.

Esteban Illades es editor de Nexos en línea.

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julio 12, 2014

El previo de la final en 10 puntos

No, todavía no somos Buzzfeed

Maggio7

  1. Si el futbol fuese meritocrático o justo, no tendríamos que hacer esta lista. Ganaría Alemania. Y punto.
  2. Pero en los deportes la filosofía imperante es la de “Any Given Sunday”, un domingo cualquiera. No es descabellado pensar que, después del 7-1 a Brasil, Alemania le jugará con gran cautela a Argentina.
  3. Así fue en 2010: la oncena de Joachim Löw destrozó a la Argentina de Maradona 4-0 en cuartos de final. Para el partido siguiente, el equipo que más prometía en Sudáfrica se volvió tímido. España los venció por la mínima y se coronó desde ese día.
  4. El partido se ha planteado como una cuestión de identidad continental, casi bolivariana. De no soportar a los argentinos en temas de balón (en la semifinal entre Argentina y Holanda el consenso es que perdieran los dos), ahora parece haber un vuelco latinoamericano –con todo y Brasil– a favor de la albiceleste. Algo impalpable hace que hasta los más racionales quieran que “la copa no se vaya de nuestra tierra”.
  5. Pero, en términos futbolísticos, ¿tiene Argentina oportunidad? Alemania empezó el mundial con clara candidatura: arrolló a Portugal. Luego se complicó la vida con Ghana, aunque levantó contra Estados Unidos. Su punto más bajo fue Argelia; no estuvo en riesgo de perder pero se llevó un susto. De cuartos para acá ha resurgido. Trae un paso que parece imbatible.
  6. El problema es que el futbol no premia la constancia. Si esto fuese el torneo mexicano, no descartaríamos que perdieran en sorprendente goliza. Ver el punto 2.
  7. La fuerza argentina es el aspecto anímico más que el técnico. Éste ha sido uno de sus equipos más mediocres, que se ha levantado a base de pura agalla. Javier Mascherano se convirtió en Chuck Norris el miércoles pasado, al grado que él solo podría recuperar las Malvinas con nada más que un machete entre los dientes. Romero, un arquero sin pena ni gloria, ahora es serio candidato al guante de oro. El único gran talento aparte de la Pulga es Di María, hoy entre algodones por lesión. Hay dudas serias sobre su regreso, y lo más probable será que juegue poco y mal si Sabella decide forzarlo. El equipo entero parece depender más que nunca de una sola persona: Messi.
  8. Se habla que éste es su mundial. Sí y no. Si es cuestión de tiempo, le toca. Es su tercero, segundo como capitán. A pesar de la notable baja de juego en la última temporada en Barcelona, él empujó al equipo a través de la primera fase, incluso resolvió un par de partidos sin necesitar de los otros 10. Un análisis estadístico reciente lo comprueba: es de lejos el mejor futbolista en la actualidad. ¿Pero acaso el mundial pertenece únicamente a un individuo?
  9. Alemania diría que no. Ahí todos anotan goles. Hasta el central Hummels. Al término del 7-1, y después de romper la marca de goleo individual en mundiales frente a Ronaldo, el anterior poseedor, Miroslav Klose dice con toda serenidad y un dejo de molestia en entrevista: el resultado y el récord sirven de poco si Alemania no gana el domingo. Müller hace eco un par de días después: para ellos ganar es “un deber”.
  10. Veremos un partido cerrado pero emocionante, un punto medio entre la humillación brasileña y el anti-futbol frente a Holanda. Un gol será el que marque la diferencia. ¿Para qué lado? Todo dependerá de lo que predomine en 90 (o tal vez 120) minutos: el esfuerzo o la magia.

Esteban Illades es editor de Nexos en línea.

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julio 8, 2014

Alemania 7-1 Brasil

fut

Se decía que la ausencia de un hombre sería suficiente para terminar con los sueños de Brasil. La falta de un jugador marcaría toda la diferencia. Así sucedió, pero no en donde se suponía.

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