Esta mañana comenzó el reporte en medios de que la FIFA, a través de su organismo encargado de combatir racismo en el futbol, estaba investigando a México y Brasil por gritarle “puto” al portero al momento de despejar.

También se dio a conocer que Croacia y Rusia estaban bajo investigación por –a pesar de ya haber sido amonestados en ocasiones anteriores– izar banderas y símbolos neonazis durante los partidos.

En el peor de los casos, según el reglamento de la FIFA, México podría perder los puntos obtenidos en los partidos –también Croacia, Rusia y Brasil, en caso de que se comprobaran todos los hechos. En el menos malo, México sólo recibiría una advertencia.

Más allá de la sanción, regresamos a una discusión que ya se ha tenido con anterioridad en las páginas de Nexos y en otros foros: ¿Es discurso de odio gritar “puto”? ¿Es equivalente a un acto racista?

Estefanía Vela, en un post para nuestro sitio de El Juego de la Corte, y en una segunda parte, explica la cuestión.

En el caso en particular de la Corte, la Primera Sala decidió que un columnista en Puebla, quien calificó a otro de “maricón”, incurriera en un acto de discriminación, no protegido por el derecho a la libre expresión.

Dice Vela:

Si el problema con los insultos es que ofenden a “los homosexuales” (o a las mujeres), ¿eso significa que éstos pueden demandar vía daño moral por algo que otras dos personas se están diciendo? Éste es el problema con el caso específico que la Sala agarró. La mayoría de los asuntos que se han resuelto sobre este tema versan sobre grupos que directa, explícita, indubitablemente se refieren a los homosexuales (véase Snyder v. Phelps y Vejdeland and Others v. Sweden). En el caso que resolvió la Corte, no creo que los homosexuales aparecieran siquiera indirectamente (insisto, no creo siquiera que Núñez Quiroz [el columnista] realmente haya sostenido que el problema con los columnistas de Síntesis es que son personas que tienen sexo con personas de su mismo sexo). Sin embargo, para la Sala, éste es un asunto en contra de los homosexuales. ¿Esto significa que tienen derecho a demandar cada que alguien ofenda a alguien más usando estos términos? Ésta es la postura que el Conapred ha adoptado en ciertos casos, como el de Fernández Noroña y su utilización del “síndrome de down” para ofender a otra persona. La diferencia es que el Conapred no puede obligar a un privado a someterse a un juicio (no que eso justifique su postura, pero ese es otro tema), a diferencia de los tribunales civiles (que es donde se resolvería el juicio por daño moral). ¿Ésta es la vía que está abriendo la Sala o su punto no era tomarse en serio al derecho, sino sólo “educar”? Lo que me lleva a mi último punto.

Claro que es necesario cuestionar el concepto de sexualidad o género que contenga el derecho. Pero también se deben cuestionar las formas jurídicas, en sí mismas. Si bien erradicar la discriminación es un fin constitucionalmente imperativo, eso no significa que cualquier política sea válida o efectiva para hacerlo. Sería una tristeza que sólo exista una crítica radical a las nociones perpetuadas del cuerpo, el género, la sexualidad y la familia, pero no una crítica de las formas que el Estado adopta para subsanar estos problemas. Más aún en un contexto constitucional que no sólo permite, sino que obliga a ir más allá de la sanción clásica. No todo es castigar.

¿Estamos ante el mismo caso con el grito en el estadio?

Esteban Illades es editor de Nexos en línea.

 

5 comentarios en “Sobre el grito de cuatro letras en el estadio

  1. Si no se define de manera clara lo que la FIFA -o cualquier otra entidad- entiende por discriminación, todo acto puede ser considerado como discriminatorio. No defiendo la postura liberal de salvaguardar la libertad de expresión por encima de cualquier otro derecho, pero vaaaaaaaaamos, como bien señala el artículo, en el caso del “puto” en el fútbol y en las sanciones de “discurso de odio” que ha habido en México, las expresiones no van contra miembros de grupos discriminados históricamente ni tienen como fin la subordinación, opresión o desaparición de un grupo; tampoco hay una vulneración de derechos ni la intención de denigrar al individuo por su pertenencia a un colectivo cuya sexualidad o raza sean culturalmente consideradas indignas. Caso contrario el de las abiertas manifestaciones neonazis que sí hacen apologia al odio, es el caso de Rusia. Por supuesto que estaría bueno eliminar insultos que de manera simbólica refrendan una condición de inferioridad hacia ciertos grupos, pero en este caso me parece que se corre el riesgo de que todo insulto pueda ser considerado como discriminatorio.

  2. Se llama Usos y Costumbres:

    Ese asunto de la FIFA me recuerda mucho al capítulo de South Park donde explican que el término “Marica” (Faggot) no se usa de forma peyorativa hacia los homosexuales, si no para señalar a las personas que buscan exceso de atención como las quinceañeras y motociclistas. Algo así como pasa ahora con el “Eeeeeeeeh putos”. (:

    http://latinsouthpark.blogspot.mx/2010/04/la-palabra-con-m.html

    Ser “Puto” no significa ser gay, si no ser “Rajón”

    “El lenguaje popular refleja hasta qué punto nos defendemos del exterior: el ideal de la “hombría” consiste en no “rajarse” nunca. Los que se “abren” son cobardes. Para nosotros, contrariamente a lo que ocurre con otros pueblos, abrirse es una debilidad o una traición. El mexicano puede doblarse, humillarse, “agacharse”, pero no “rajarse”, esto es, permitir que el mundo exterior penetre en su intimidad.” Octavio Paz, El laberinto de la Soledad.

  3. LOS PAISANOS, COMO BUENOS MEXICANOS DANDO DE QUE HABLAR, UNO AVENTÁNDOSE AL MAR, OTROS ROBANDO CERVEZAS, OTROS COMIENDO CHILE Y OTROS A TODO PULMÓN GRITANDO PUUUTOOOO, ¡¡ VIVA MÉXICO !!

  4. El tema mismo no merece siquiera el comentario, se trata de la inserción de las cultura en el ámbito de la aldea global, casualmente esto aparece cuando una de las figuras principales del torneo, la selección brasileña, apareció como centro de la atención y los Torquemadas de la cultura encontraron material para solicitar un aumento de su sueldo o para justificar su existencia. Tan desafortunado el grito mismo como los “juzgadores de la moral pública”, si se puede mejorar la condición humana en algún sentido siempre será bienvenida la oportunidad…

  5. Los que gritan puto en el estadio no son los gays, ni los trans, vaya no son los miembros de la comunidad LGBTTTI; son el grupo dominante, los mexicanos que se pueden pagar un ticket para un partido, un partido en el mundial de fútbol. Decir que el puto es una expresión inofensiva y polisémica que hace parte de nuestra cultura es naturalizar un insulto con una fuerte carga discriminatoria. Es como cuando los antropólogos del siglo XIX justificaban su racismo con argumentos “científicos” o como decir “yo no soy machista pero…” “yo no soy racista pero…”. Sigo pensando que el término en sí mismo no es homofóbico pero definitivamente sí contribuye de manera simbólica a reforzar la homofobia. Ahí está Van Dijk para profundizar sobre el tema.

    Finalmente todo esto es un buen pretexto para visibilizar la naturalización del lenguaje discriminatorio e insisto, así como Conapred fue enfático en pronunciarse en este tema debería hacerlo en otros casos abiertamente homofóbicos y sexistas que no son denunciados por la FIFA.