No puedo dejar de regodearme al ver especialmente a dos tipos fuera de este mundial. Tanto Diego Armando Maradona como Cristiano Ronaldo son los máximos exponentes de la arrogancia llevada hasta metas grotescas. El Pelusa al menos la puede explicar (que no es lo mismo que justificar) por ser para muchos el mejor de la historia, haberse echado al hombro un equipo de segunda línea como el Nápoles, llegar a dos finales de un mundial y ganar una, y, por que no, hasta puede llegar a ser un personaje “majo”, tal y como lo calificó su contraparte Del Bosque. En el caso del portugués no hay mucho donde rascar. Su soberbia mirándose en las pantallas del estadio, sus continuas muestras de desprecio hacia sus compañeros chutando desde sitios insospechados y chupando del balón como si jugase con diez disminuidos al lado, lo convierten en el campeón de este apartado. Como guinda a su fachoso pastel se le vio echar un escupitajo dirigido a una cámara al terminar la actuación de su equipo. Es bastante joven como para rectificar y ganar aún muchos títulos pero no sabemos si el cerebro le alcance.

Otros que han hecho las maletas pronto y que no se caracterizan precisamente por su humildad son Dunga, Domenech o Capello. El primero por cerrarse en sus ideas y querer militarizar un equipo de artistas como la canarinha, demostró su altivez al no considerar a jugadores de la talla de Ronaldinho, Diego, Pato o Adriano. De Domenech no se sabe aún si el dejarse guiar por los astros, no hablarse con casi nadie en su selección y tampoco contar con varios de sus mejores hombres fue muestra de engreimiento o simplemente de estupidez, o de ambas cosas. El italiano, un sargento de mil batallas, necio y fiel a sus ideas, demostró una vez más que sus mejores años como técnico han pasado. Sin embargo no se le vio un gesto de sencillez antes, durante o tras su participación.

Por otro lado, tenemos ahora a cuatro equipos que nunca despreciaron a un rival, poco hablaron de los árbitros y fueron bastante cabales a la hora de seleccionar a sus mejores  efectivos. Low, en sentido contrario a Dunga, ha conseguido que un equipo normalmente ríspido trate y consienta el balón como si de una novia se tratase. Este alemán de la Selva Negra, monaguillo en su infancia,  fue como jugador un centrocampista de medio pelo y, posteriormente, un entrenador de similar caché: entrenó en Austria, Alemania y Turquía, donde fracasó al igual que Del Bosque. Le llegó su oportunidad de oro de la mano de Klinsmann, quién lo solicitó como asistente y le cedió la batuta del proyecto alemán tras el mundial de 2006. Los resultados a la vista: subcampeones de Europa y, hasta el momento, semifinalistas mundiales. Incluso ha conseguido que jugadores indomables como el propio Schweinsteiger o Podolski se comporten gentilmente.

En la línea del alemán, es un placer escuchar las ruedas de prensa con Del Bosque, en ellas premia la prudencia, el saber estar y la elegancia en la palabra, nada que ver con la corriente Maradoniana  donde pululan los desplantes y hasta los insultos. El bigotes salmantino ha tratado de seguir la línea de buen juego y el grupo de jugadores que Aragonés condujo al título europeo. Es por demás un tipo serio y también como jugador se caracterizó por su buen talante; sin embargo, estas cualidades le llevaron a dejar su alma mater pese a dar resultados intachables hace unos años, el madridismo siempre ha preferido a los tipos prepotentes tipo Schuster, Hugo Sánchez o Mourinho.

En cuanto a discreción de una carrera creo que ningún técnico europeo del mundial se pueda comparar con el holandés Bert van Marwijk. Fue una sorpresa su designación tras unos años regulares al frente del Feyenoord donde destacaron una Copa de Holanda y una Copa de la UEFA en 5 años. Ha llevado a Holanda a semifinales traicionando un poco la alegría del fútbol holandés pero con una camada de futbolistas inferior a la de Cruyff o la de Van Basten. Un tipo que pasa desapercibido, no se le puede imaginar haciendo los aspavientos de Dunga en el banquillo o haciendo declaraciones altisonantes.

El “caballo negro” de éste campeonato, Uruguay, llega de la mano de un viejo lobo de mar: el maestro Tabárez. Con un palmarés bastante escaso para una carrera tan dilatada, calificó por los pelos a este mundial pese a la dificultad de conjuntar a un grupo compuesto de jugadores regados por todo el mundo, principalmente en Europa. De cualquier forma, y aunque haya llegado a semifinales por un camino relativamente fácil y gracias a la mala suerte de Ghana, hay que reconocer en los Tabárez, Forlán, Lugano y compañía un grado de sacrificio y formalidad sólo corrompida por el penalti de Abreu, difícil de igualar por otros equipos.

Para reflexionar queda si en el futuro de la selección mexicana los nombres que más suenan (el Chepo y Bielsa) se ajustan más por su carácter y temple a los que ya se fueron del mundial o a los que siguen vivos.

Faelín de la Jondera