Estoy muy lejos de ser un experto en futbol (mundial o nacional), pero dudo mucho que exista otra liga en la que, como en México, clasifiquen a la “liguilla” 8 de 18 equipos (es decir, el 44% de los equipos que participan en el torneo). Ciertamente, no existe nada parecido en ningún país que tenga un futbol medianamente respetable, pues simple y sencillamente un torneo lo gana el equipo que haga más puntos. Es decir, el equipo que a lo largo de un torneo de mucho meses hace un esfuerzo sostenido por jugar bien, por hacer más puntos, por ganar todos y cada uno de los partidos que juega. En el caso de México, este esfuerzo está mediado y adormecido por unos torneos cortos en los que basta ser el octavo en la tabla (es decir, estar hacia la mitad de la misma) para pasar a la liguilla. ¿Hasta cuándo seguirá el futbol mexicano escenificando estos mini-torneos en los que, por una parte, a los jugadores no les da tiempo de dar lo que podrían dar, de compenetrarse con sus compañeros y de asimilar cabalmente un sistema de juego y, por otro lado, a los entrenadores no les da tiempo de consolidar absolutamente nada? Por eso la interminable rotación de jugadores, por eso la interminable rotación de entrenadores, por eso la imposibilidad que se dé eso que antes se llamaba “el amor a la camiseta” y por eso también muchos estadios semivacíos. En lo que al juego se refiere, las consecuencias están a la vista para cualquiera que tenga la paciencia de sentarse a ver un partido de la temporada regular de la Liga MX (supongo que ser seguidor del Atlas, como es mi caso, tampoco ayuda mucho para entusiasmarse por nuestro futbol).

1

Sé muy bien que el párrafo anterior no dice nada que no se haya dicho miles de veces, pero me interesa como preámbulo de lo que sigue, pues es el contexto en el que tuvo lugar hace un par de días el segundo partido de la semifinal entre los Pumas de la UNAM y las Águilas del América. Después de haber quedado primero en la tabla y de haber derrotado al América 3-0 en la ida en el Estadio Azteca, se esperaba que los Pumas dieran cuenta con relativa facilidad de sus rivales en la vuelta o que, por lo menos, ganaran el partido. Nada de eso. Los superlíderes llegaron más tensos que nada, no supieron dónde debían pararse dentro de la cancha (¡con un marcador a favor de 3-0!) y estuvieron a un tris de ser eliminados por un equipo de nueve hombres. Después de un partido para el olvido, el entrenador de los Pumas, Memo Vázquez, se mostró muy molesto con los periodistas que le recriminaban la pésima actuación de su equipo y finalmente les espetó que “el equipo hizo lo que tenía que hacer para lograr el resultado”. En efecto, el equipo líder del futbol mexicano hizo lo que tenía que hacer: llegar a la final. Es evidente que a Memo Vázquez no le importaba mucho cómo llegar, ni el hecho de que su equipo fuera el líder del torneo, ni que jugaban en casa, ni lo que su afición esperaba de ellos, ni que llegaban al estadio de CU con tres goles de ventaja, ni que, de vez en cuando, cabe esperar que un equipo (de futbol o de cualquier otro deporte) haga algo más que lo mínimo indispensable.

Desde el inicio del partido se vio que los Pumas no iban a tener mucho de pumas. No es necesario detenerse en lo que pasó durante los 90 minutos (pues quienes se animen a leer estas líneas seguramente vieron el partido), pero no puede dejar de llamar la atención que el equipo del que más se esperaba (por motivos ya enunciados) y que llegó a tener superioridad de dos hombres, batallara tanto como lo hizo para llegar a la final. ¿Por qué la actitud insegura frente al América pese a la ventaja de tres goles y el hecho de jugar en casa? Si somos los líderes del torneo y somos los favoritos, ¿por qué jugar con semejante actitud? ¿Por qué no ir desde el principio por eso que es el objetivo primero del futbol y que hubiera sentenciado el partido en cuestión: un gol? Lo demás es historia: lo ríspido del juego, los fingimientos por ambas partes, los expulsados, las marrullerías, las ofensas (hasta lo que pudo haber sido una expresión racista que muy probable y desafortunadamente quede sin dilucidar), un conato de bronca al final, etc. En cuanto al América, nada llama tanto la atención como su indisciplina. De hecho, las Águilas no están en la final por pura indisciplina. Una consecuencia lógica, por lo demás, tratándose de un equipo que fue el más sucio a lo largo de todo el torneo. El fair play o “juego limpio” simple y sencillamente no está en el diccionario de las Águilas (para documentar lo aquí dicho).

Los párrafos anteriores pintan un cuadro bastante triste: un torneo en el que se premia la medianía, por no decir la mediocridad, y en el que basta hacer el mínimo esfuerzo para colarse a la liguilla y lograr así, supongo, hacerse con el dinero que el torneo no proporciona (y que difícilmente proporcionará mientras el nivel de la Liga MX siga siendo el que es actualmente). A ello hay que añadir la actitud tímida, por decir lo menos, con la que el equipo líder llegó a jugar la semifinal; concretamente un partido que, en el papel, estaba resuelto. La falta de confianza de los Pumas en su capacidad de jugar al futbol no puede pasar desapercibida. Es así como los Pumas llegarán a la final contra unos Tigres que, en mi opinión, están en la frecuencia inversa después de lo que mostraron en la Bombonera. Memo Vázquez considera que lo único realmente importante era llegar a la final. Yo  creo que también es muy importante cómo se llega, mental y anímicamente. Por eso creo que el partido del domingo planeará como una sombra sobre la final y quizás incida en el resultado, ya veremos (ojalá me equivoque, pues siempre he sido un simpatizante de los Pumas).

Hay otros aspectos que van mucho más allá del partido de la semifinal que nos ocupa, pero que campean a sus anchas en el futbol nacional y que lastran considerablemente la Liga MX. Me refiero sobre todo a dos aspectos: la “teatralidad” y la indisciplina. De ambas hubo varias muestras en el partido que es objeto de estos comentarios. La simulación es casi un arte en el balompié mexicano (aunque solo sea porque con las cámaras de televisión de hoy en día hay que ser muy buen actor); por otra parte, la indisciplina y las mañas antideportivas son el pan de cada partido (desde encarar al árbitro por una decisión supuestamente equivocada y hacer tiempo de manera descarada, hasta las faltas que son pura marrullería o pura mala intención). De lo que se trata, a fin de cuentas, es de burlar a la autoridad y sacar la mayor ventaja posible, salirse con la suya sea como sea. El futbol, el espectáculo y el juego limpio, bien gracias. Entre los resultados de lo anterior, destaco una impunidad que, en algunos partidos, alcanza cuotas muy altas (no fue el caso, debo decir, en el partido del domingo pasado). No faltará quien diga que así es el futbol a nivel mundial; no me lo parece. Antes de terminar, no puedo dejar de mencionar otro enorme lastre de nuestro futbol: la inveterada costumbre que tenemos de jugar hacia los lados o hacia atrás. Como se ha repetido muchas veces, son muchas las diferencias del futbol mexicano con el europeo (entre ellas de manera destacada la velocidad con que se juega y la preparación física de los jugadores), pero quizás la diferencia más grande es que en Europa el futbol se entiende como un deporte que se juega, básicamente, hacia delante, hacia la portería rival; no así en México.

Es casi una perogrullada que cualquier deporte o, para el caso, cualquier manifestación cultural en un país (entendiendo el término “cultura” en sentido amplio) es un reflejo de los hábitos, de las mentalidades y de las prácticas de la nación en turno. No hace mucho tiempo un amigo hizo una radiografía de la sociedad mexicana con base en “Odisea Burbujas”, un viejo programa para niños. Lo que en un principio me pareció un ejercicio puramente lúdico, no me lo pareció en absoluto cuando Antonio, así se llama mi amigo, terminó su perorata. Con base en el partido del domingo pasado en CU es imposible intentar hacer una radiografía de nada que no sea el futbol mexicano actual. Si escribo estos comentarios es porque la desazón que me dejó el partido y sus alrededores tenían mucho menos que ver con el partido mismo, que con actitudes y prácticas que son comunes en muchos otros ámbitos de la vida nacional; los cuales, sobra decirlo, son infinitamente más importantes.

Roberto Breña

 

4 comentarios en “Pumas-América y la vida nacional

  1. Complementando lo atinado del artículo de marras, es la personalidad del entrenador puma como técnico, no como jugador, que fue bueno a secas, y es su naturaleza. Como en la fábula del alacrán y la rana, esto es, su naturaleza se caracteriza por ser cobarde y mediocre, lo pésimo es que el equipo que dirige representa a nuestra máxima casa de estudios y lo que ello significa, aún así le vale. Que pena por mis pumas…para agarrarse de la greña en los próximos juegos.

  2. Me has hecho visualizar la Liguilla del Torneo de Fútbol Mexicano como analogía de las campañas electorales para las precedencias municipales.

  3. Me has hecho visualizar la Liguilla del Torneo de Fútbol Mexicano como analogía de las campañas electorales para las precedencias municipales.

  4. Por eso mismo Memo Vázquez perdió aquella final América vs Cruz Azul, llevaban dos goles de ventaja y superioridad numérica y el América les sacó el título de la bolsa.