En México el nombre de Mauricio Macri sonó mucho al inicio del nuevo milenio entre aficionados al futbol por el Club Atlético Boca Juniors al que –el hoy mandatario electo de Argentina– guió por más de una década de triunfos y victorias continentales. Un gol de último minuto del defensa xeneize Walter Samuel en el Azteca en el 2000 impidió al América convertirse en la primera escuadra mexicana en alcanzar la final de la Copa Libertadores y un año después el Cruz Azul vio frustrado el sueño de conquistar ese mismo título tras perder una tanda de penales en la Bombonera del histórico barrio bonaerense de La Boca.

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Dotado de un habla formidable en público, Macri solía frecuentar Pachuca con motivo de los congresos de la escuela inaugurada por la directiva del club hidalguense y ahí anonadaba a la prensa deportiva local con la claridad de sus conceptos y su don de gentes (él, de estirpe familiar empresarial, paradójicamente presidía a un equipo de arraigo popular comparado con el archirrival River Plate, Los Millonarios). Macri declaraba por doquier la vida y milagros de su moneyball a la argentina: invertir en el desarrollo de jóvenes futbolistas, o comprarlos de clubes chicos, madurarlos de a poco y venderlos por millones de dólares y de euros toda vez que los éxitos conseguidos en Sudamérica hablasen por ellos mismos. Nicolás Burdisso, Juan Román Riquelme, Hugo Ibarra, Fernando Gago, Rodrigo Palacio, Carlos Tévez, etcétera, etcétera, etcétera.

A pesar de haber manejado al que quizás es el club más influyente de Argentina (cargo ejercido en lo práctico hasta 2007 cuando compitió y ganó en las elecciones por la jefatura de gobierno de la Capital Federal), su nombre no se manchó en el escándalo de corrupción del “FIFAgate” por el que la justicia estadounidense abrió expedientes criminales contra dirigentes de la Confederación Sudamericana de Futbol y contra ejecutivos de empresas cuyo máximo negocio consistía en adquirir derechos televisivos. Boca Juniors, no obstante, se benefició durante la era de Macri de un acuerdo de la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) con los medios privados que repartía hasta 10 veces más dinero a los dos grandes respecto de los equipos recién ascendidos a primera. Y he ahí que lo relativo a los medios de comunicación se transformó en un punto de oposición de Macri respecto a los gobiernos del matrimonio Kirchner.

En una tierra donde el balón es tan importante que rueda por canchas paralelas a la política y a la economía, los hechos de la vida pública tarde o temprano se manifiestan sobre el césped y en la grada. La política monetaria de paridad cambiaria (un dólar, un peso) que hizo entrar en Argentina divisas extranjeras con la misma facilidad y rapidez con que después salieron volando durante la crisis de deuda soberana del 2001 se materializó también en 2009 con la casi bancarrota de muchos equipos de la liga doméstica y la amenaza de paro nacional. Del mismo modo que varios bancos y empresas se endeudaron en dólares antes de 2001, los clubes inflaron una burbuja especulativa por las ventas de jugadores argentinos a ligas petrodolarizadas como Rusia, Ucrania, el Oriente Medio y China (Darío Conca, volante ofensivo que nunca jugó en Europa, ganó entre 2010 y 2011 por salario en un equipo de Guangzhou bastante más que Cristiano Ronaldo en el Real Madrid). La burbuja estallaría. Desesperado, el fenecido líder de la AFA, Julio Grondona –quien podría estar entre los co-conspiradores no nombrados de las acusaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos– intentó negociar un incremento en el pago de los medios privados por los derechos de transmisión que éstos rechazaron. Cristina Fernández de Kirchner entró a su rescate y ofertó un equivalente aproximado de 160 millones de dólares por temporada que Grondona aceptó. Canceló así el contrato anterior y le entregó al gobierno argentino el control mediático del futbol que Macri tomará el próximo 10 de diciembre cuando asuma la presidencia. ¿Regresará el deporte más popular de ese país a la televisión de paga o lo dejará en la televisión pública?

Ello en lo económico, pero aquel acuerdo entre Grondona y Fernández incluyó asimismo la reforma de la primera división para desconcentrarla de la Capital Federal y de la Provincia de Buenos Aires y llevarla a otros puntos del interior del país: por eso el máximo circuito del balompié albiceleste pasó de 20 a 30 equipos. Políticamente, Macri podría favorecer la vuelta y la reconcentración ya que el gran porcentaje de gente que lo votó es bonaerense. Así también se explica el proyecto kirchnerista de la desconcentración al ser el matrimonio Kirchner venido de la provincia sureña de Santa Cruz.

“No sabemos hasta ahora cómo sucedió el 7-1 de Alemania”, dijo el periodista brasileño Marcelo Beraba sobre la amarga derrota de la Verdeamarelha en su propio mundial y la sucesión de eventos que originaron una crisis económica y una crisis política en Brasil que ha conllevado una crisis de credibilidad en el gobierno de Dilma Rousseff. Si la otra parte de la explicación de la crisis argentina de 2001 fue la depresión de la economía brasileña, es verosímil decir que el principio del fin del kirchnerismo también residió en el mundial 2014. Las fallas increíbles del Pipa Higuaín y de Leo Messi en la final en Río de Janeiro ante los alemanes fueron símbolo de la derrota por venir para la presidenta Fernández y de la victoria de Macri en segunda vuelta electoral que lo hizo festejar en un estado de euforia similar al de aquella noche en que Boca Juniors le ganó en penales al Cruz Azul.

César Martínez