El cumplimiento de las responsabilidades en la esfera pública va aparejado al derecho a la privacidad propia y a que ésta sea respetada por los demás. Ése precisamente era el reclamo de las personalidades ofendidas cuando los paparazzi solían entrometerse en su intimidad por medio de la publicación de imágenes conseguidas, “cazándolos” en sus relaciones personales (hijos, cónyuges, amigos, padres, noviazgos, etcétera): que tales pseudoperiodistas mezclaban de forma alevosa lo público con lo privado para lucrar.

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Foto tomada del Instagram de FC Barcelona.

 

Un futbolista del Getafe comparecía en la protocolaria rueda de prensa tras la derrota de su humilde escuadra frente al FC Barcelona al momento que –súbitamente– Shrek, Frankenstein, Batman, Freddy Krueger, un zombi, un gorila y algún otro adefesio más irrumpieron en la sala gruñendo, chillando y aullando estropeando así la labor de los periodistas, del jugador, y de la jefa de prensa del club derrotado. Tratábase en realidad de algunos futbolistas blaugranas que dijeron posteriormente haberse equivocado de rueda de prensa, pues su intención era hacerle una broma de Halloween a su propio entrenador, Luis Enrique, y no al jugador del cuadro rival, Víctor Rodríguez. Toda vez que se paran entre Rodríguez y reporteros y camarógrafos, reconocen su error y abandonan la sala con las máscaras puestas y la misma estridencia utilizada al llegar.

Las ruedas de prensa son tan importantes en el mundo del deporte como lo son los controles antidopaje al término de cada partido y por eso ambos son protocolos. Así como sin los segundos lo deportivo sería más vulnerable al uso de sustancias prohibidas con tal de aventajar ilegítimamente, sin las primeras no habría modo de conocer el pensamiento ni las reflexiones del deportista en sus responsabilidades respecto a su materia: el deporte. Pensando que las críticas por entrometerse en la rueda de prensa en Getafe son ataques velados desde el periodismo madridista, los barcelonistas mencionan un video en que jugadores identificados con el Real Madrid como Casillas y Ramos pasan vitoreando detrás de un derrotado Bastian Schweinsteiger hablando en una zona mixta. Las zonas mixtas son opcionales; las ruedas de prensa son de oficio porque le abren la puerta a la comparecencia sobre fútbol y se la cierran a la prensa del corazón.

Flaca también es la defensa que dice que el objetivo de la broma era la rueda de prensa de su propio director técnico. Que haya ocurrido en la del rival únicamente agrava más la ofensa original consistente en mezclar de forma alevosa lo público con lo privado. Para entenderlo mejor, una comparación útil es lo ocurrido en el vestuario del club argentino River Plate una década atrás.

En aquellos días era secreto a voces entre la prensa bonaerense que los dos defensas centrales titulares del conjunto millonario habían dejado de alinear juntos no por decisión técnica ni deportiva, sino por razones venidas de la intimidad de ambos futbolistas: uno habría roto la confianza del otro entrometiéndose en su matrimonio. Hasta donde es conocido, ningún miembro del club airó la situación on the record con los medios y los dos involucrados en tan penosa situación tuvieron la elegancia de abstenerse de ruedas de prensa para atacarse el uno al otro. De haberlo hecho, un asunto privado hubiese transgredido los planes y objetivos de una institución de interés público. Se hubieran llevado a River y a la afición entre las patas. Decir que la broma iba para un amigo es no entender que lo del vestuario –ya sea amistad o buen rollo, enemistad o mal rollo– se queda en el vestuario y que si lo ocurrido en el vestuario entre sus participantes es grave entonces es tema de la autoridad y no de la prensa.

En estos tiempos las nuevas tecnologías han facilitado el trabajo de los paparazzi en el mejor de los casos, pero han reducido las vacantes de trabajo en dichos puestos, en el peor. La era de las redes sociales supone que el individuo hace pública de forma voluntaria su vida privada a fin de generar contenido viral. De unas temporadas acá, varios futbolistas del Barcelona son el prototipo del hombre-vine: hacen acrobacias con el esférico y tiran caños cuando los encuentros marchan 3-0 a favor, usan tijeras para cortar las redes de las porterías que recibieron sus goles y colgarlas en Instagram, toman el micrófono para acordarse del cantante de la fiesta de la figura del club rival que leyeron en el ¡Hola!, debajo de sus cuentas de Twitter ponen el correo de su representante de relaciones públicas, etcétera, etcétera, etcétera.

El que la página oficial del FC Barcelona haya publicado las selfies tomadas con el selfie-stick de Shrek, Frankenstein, Batman, Freddy Krueger, un zombi, un gorila y algún otro adefesio más –sin medir las implicaciones de dicha política de medios– habla precisamente que el ” Barçaween” es ya finalmente algo más que un club.

César Martínez