Cuenta un periodista británico en las páginas de The Guardian que Juan Carlos Osorio solía merodear y espiar al Liverpool del técnico francés Gérard Houllier durante su estancia en el Reino Unido, donde el colombiano iba a la universidad. Osorio entonces se las arregló para rentar un cuarto en una casa contigua a los campos de entrenamiento de los reds y por casi dos años despertó temprano mañana tras mañana para observar y tomar notas. Sus días ingleses –en particular su estadía en el Manchester City– harían de él un preparador meticuloso y preocupado ante todo por acondicionar en lo físico a sus futbolistas rotando sus alineaciones sistemáticamente. “Moriría por la oportunidad de un día dirigir allá”.

Llegada la oportunidad, pero de dirigir a México, el apellido de Osorio dice más bien poco para varios futbolistas y comentaristas mexicanos quienes han sido tan prestos en confesar su desconocimiento como rápidos para atacar su designación. Para saber quién es Osorio en lo táctico su crianza “británica” nos dice justo tanto como su sendero “colombiano”, habiendo sido vencido por el River Plate de Marcelo Gallardo, el paso por la Copa Sudamericana y por la Copa Libertadores.

¿Es Osorio un acérrimo pragmático confeccionado al corte de los años noventa en la Premier League en que el 4-4-2 era el estándar dorado, calidad individual y velocidad las solas variables, y el resultado lo único a buscar? ¿O más bien es él un ideólogo progresista latinoamericano que gusta de mandar a sus escuadras a atacar, atacar y atacar vía la posesión de la pelota?

La respuesta es que él mismo rota entre el pragmático y el ideólogo. La victoria de su Atlético Nacional de Medellín contra el gigante brasileño Sao Paulo FC en la Sudamericana del año pasado se convirtió en una batalla por el medio campo en ambos partidos y por tanto debió llegar a penales (lo cual es subrayable dada la patente superioridad individual de los paulistas). La final ida y vuelta contra River fue otra batalla igualmente sorda y trabada en la media que sólo se decantó a través de la letalidad rioplatense a balón parado. En este sentido, Juan Carlos Osorio es un frío calculador que entiende que las instancias de eliminación directa demandan organización y músculo: si el rival no es vencible fácilmente, entonces practica una guerra de desgaste en el centro del campo sin amurallarse en el área.

La fase grupal de la última Libertadores, no obstante, permitió a Osorio desplegar a sus hombres en capacidad física completa y jugar futbol dinámico y agradable al ojo neutral. Hubo un partido en Medellín contra los ecuatorianos del Barcelona Sporting Club en el cual alineó una defensa de tres centrales y –en lugar de colocar sobre las bandas los así llamados carrileros, cuya prioridad es defender– la flanqueó con extremos adelantadísimos para ensanchar el espacio de ataque y acorralar al adversario: un 3-3-4 nunca visto en ningún club de la Premier. Atlético Nacional ejecutó a pie juntillas su juego de combinación, pero, la verdad sea dicha, quedó expuesto a la rapidez ecuatoriana a la contra y de este modo el marcador acabó en derrota colombiana. Para el partido siguiente, de visita ante Estudiantes de la Plata, que usaba defensa de cinco, Osorio se puso pragmático con una formación estándar a la inglesa que bregó y logró sacar los tres puntos vitales de Argentina y pasó de ronda. Así es Osorio: explora todas las posibilidades.

Hay también un rasgo en este peculiar entrenador que acaso incline la balanza del lado del ideólogo romántico: su predilección por el enganche o número 10 a la antigua. Desde Edwin Cardona en el paso por Atlético Nacional hasta Paulo Henrique Ganso en Sao Paulo, Osorio gusta de esa raza de futbolista más vista, por ejemplo, en el calcio italiano que en la liga inglesa cuyo arte consiste en desenredar una maraña defensiva (de las que el Tri suele encontrarse en la Concacaf) ya sea con un pase filtrado o con un disparo de larga distancia. ¿Encontrará a un mexicano hábil para fungir como enganche en una escuadra orientada a dominar el balón?

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Las tácticas de Osorio escapan al alcance del comentario futbolero tradicional mexicano en la medida en que éste es un hombre que rota entre las diversas escuelas de juego europeas y sudamericanas. Sus rotaciones y sistemas ciertamente levantarán desconcierto e incomprensión, mas, al final del día, él se ve un estratega flexible que entiende las implicaciones de escenarios tan distintos como una ronda de grupos, una de eliminación directa o un hexagonal de Concacaf: precisamente el mismo hexagonal donde técnicos mexicanos de escuela defensiva se demostraron escasos de flexibilidad.

El solo apellido de Osorio ya está poniendo a prueba qué tan flexible (o inflexible) es el futbol mexicano.

César Martínez

 

2 comentarios en “Las tácticas de Juan Carlos Osorio

  1. Este trabajo muestra a Juan Carlos Osorio como un “estratega”, pero hay otras dos partes igualmente decisivas en el armado de un equipo la parte técnica y la parte humana. La parte técnica significará convertir a los jugadores en individuos diestros técnicamente, no sólo en cuanto a su técnica personal sino en la de conjunto (hay adelantos notables en estos terrenos, pero algunos de los mejores jugadores aún muestran resabios de jugadores de “cascara”); otro detalle es enseñar a los jugadores a leer un partido y a aplicar diferentes tácticas para contrarrestar al oponente o para desarmar sus estrategias. Un punto que también es decisivo es el que se refiere a la mentalidad del deportista, la fuerza de su espíritu para enfrentar a cualquier oponente: recuérdese aquel anécdota en que le decían al boxeador americano de color que le hablara en inglés al “Ratón Macías” porque eso lo descontrolaba; no basta el roce internacional, es necesario que los deportistas crezcan mentalmente y en voluntad de poder. Saludos a César Martínez

  2. Osorio enfatizó ayer que su trabajo base sería acertar en el seleccionar. No tendrá tiempo para trabajar en la parte técnica dado que no estará en el día a día (como se está en un club) y ahí radica que acierte en a quién convoca y a quién no.
    Me gustó también que dijo que el futbolista no es tonto y se da cuenta si un técnico tiene empaque en el modo de trabajar, la estructuración de las sesiones y el trabajo de cancha. Vamos a ver porque también muchos de nuestros futbolistas -de la liga Mx o de ligas europeas- serán sometidos a prueba.