Javier Hernández se marchó de Manchester (y de la Premier) por 12 millones de libras esterlinas. La sensación belga, Kevin de Bruyne, por otro lado y al otro club, llegó a Manchester (y a la Premier) por 54 millones de libras. Unos llegan y otros se van. Los que se van, casi que se van rematados; los que llegan, casi que llegan por las joyas de la corona. La nueva Premier League compra caro y vende barato porque hoy por hoy es la liga más rica del mundo. chicharito Así lo confirman los más de cinco mil millones de libras a los que ascendió el contrato conjunto entre Sky y BT Sports por sus derechos televisivos para el Reino Unido a partir del verano del año próximo y hasta el del 2019. Hablamos pues de que todos y cada uno de estos clubes recibirán por dicho arreglo contractual un mínimo estimado de 100 millones por temporada, lo que hace a la Premier de facto contar con 20 de los 30 equipos más ricos del planeta futbol. Una liga de élite cuyas escuadras han recibido tal inyección de liquidez que la expresión “de élite” debe echarse al lado en favor de la expresión “de súper élite”. Donde hay espacio para los De Bruyne pero ya no lo hay para Chicharitos.

El asunto es que la hegemonía de la Premier es incontestable desde lo económico y desde lo económico mismo debe analizarse para entender los serios y graves peligros que ésta corre de ser mal gestionada. En la jerga de los economistas, a los desajustes provocados debido a entradas masivas de capital suele conocérseles como “la enfermedad holandesa”. La historia cuenta que el descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo y gas para Holanda en el Mar del Norte durante los años 60 fue el comienzo de un periodo nefasto de depresión y recesión para la población de aquel país. El esquema de la enfermedad holandesa es complejo y sigue abierto a debate, pero su causa básica es que la cascada de divisas entrantes (sobre todo la perspectiva de que esa cascada sea duradera en términos de estabilidad de precios y/o cantidad de reservas) provoca, por un lado, que aumente la cantidad de dinero circulante y por tanto incremente la inflación; y, por el otro, que aumente la cantidad de bienes importados y por tanto incremente el déficit. Inflación y déficit. El primero ya está presente entre los clubes de la Premier a falta de un año para la cascada de los cinco mil millones: los cuatro Chicharitos necesarios para adquirir a un solo De Bruyne prueban inequívocamente que los precios están inflados. 1 Es el segundo, el déficit y su perspectiva, el que comprometería más a la Premier y a otras ligas europeas y sudamericanas. El déficit es la deuda que los clubes, como los países, acumulan temporada tras temporada producto de que muy pocas de las transacciones son hechas al contado y más bien sus montos están repartidos en la longitud de cada contrato por dos, tres, cuatro o ene número de años. Esto es, las transacciones financieras en el mundo del futbol, como aquellas del mundo real, dependen de la productividad y enfáticamente del grado de liquidez en los mercados bursátiles alrededor del globo. El acuerdo entre Sky, BT y la Premier fue firmado cuando el Sistema de la Reserva Federal de Estados Unidos aún inyectaba colosales cantidades de dólares a la economía estadounidense para estimularla; no obstante llegados los visos de recuperación, la Fed comenzó a retirar dólares de circulación a través de la subida de las tasas de interés apreciando esa moneda respecto a la libra esterlina, por mencionar un solo caso.

Restringiendo el flujo de dinero, la banca central de Estados Unidos busca sustraer algo de liquidez de los mercados financieros para evitar burbujas especulativas como la del sector inmobiliario del 2008, aunque lo paradójico es que, en el proceso, truena burbujas en otros mercados de otros países: en un escenario de desconfianza y volatilidad es verosímil que accionistas y prestamistas de Sky y BT resuelvan cambiar sus acciones y bonos de deuda por títulos del tesoro estadounidense –que son instrumentos más seguros y ahora dan más interés- dejando a ambas corporaciones en la iliquidez. El más grande peligro de la Premier es que, a través de los precios inflados que ya está pagando, comience a generar una situación deficitaria y especulativa que infle una burbuja de futbol y ésta acabe por tronarse.

Un escenario semejante de clubes quebrados como ya ha ocurrido en Italia con el Parma o en España con el Racing de Santander y casi también con el Valencia, pero más grande y más grave, haría pensar en la necesidad de un órgano que regule a la Premier y que haga las veces de banca central y de prestamista de último recurso. Teóricamente para eso está la UEFA y su programa de Juego Limpio Financiero que solía prohibir la realización de fichajes con dinero prestado y la acumulación de déficits en la contabilidad de los equipos, sin embargo algunos como el Manchester City y el París Saint-Germain amenazaron a la UEFA con demandarla vía la justicia ordinaria y aquélla acabó reculando. En efecto las instituciones como el City y el PSG poco temerían si la burbuja estalla ya que ambas tienen activos de sobra para respaldar sus obligaciones; el problema estaría en esos clubes de Premier cuyo mayor aval es el dinero de la televisión.

Si la burbuja de la Premier se sigue inflando y si ésta eventualmente truena o no todo depende de las perspectivas a largo plazo: de que siga siendo la más vista, en la que se juega más rápido, la que tiene a los mejores, la que gana más títulos internacionales, la mejor comercializada y la más exclusiva. Que siga siendo una liga “de súper élite”, ahí donde comparativamente se compra caro a De Bruyne y se remata al Chicharito Hernández.

César Martínez