Tras los cambios en el organigrama de la Federación Mexicana las redes sociales hervían y vaporizaban con el anuncio inminente de Ricardo Antonio La Volpe como técnico del Tri. El martes por la mañana dábase por hecho; el miércoles se polemizaba y para el jueves en la noche lo oficial fue el interinato de Ricardo… pero Ferretti. Así, a La Volpe se le escurrió de las manos subrepticiamente una segunda oportunidad dorada que quizá no volverá jamás. ¿Qué ocurrió en esas 60 horas de Twitter para esfumar a La Volpe?

lavolpe

David Campbell, profesor de periodismo multimedia, escribía tres años atrás en su blog sobre aquel video, efectivamente viral, producido y promocionado por Invisible Children, una ONG estadounidense, para solicitar una intervención militar en Uganda y la República Centroafricana que atrapase al líder de una guerrilla longeva y sanguinaria, el hoy olvidado Joseph Kony:

En la corta historia de las redes sociales, Kony2012 es ahora el video más viral, habiendo alcanzado 100 millones de visualizaciones en seis días. Su éxito ha sido rápidamente examinado por analistas de medios y algunos de sus primeros hallazgos son fascinantes por lo que revelan acerca de la difusión de la información en la nueva economía de los medios.

Campbell estaba menos interesado en debatir el mensaje de #Kony2012 que en analizar la naturaleza del fenómeno viral: su tiempo de vida útil, su capacidad para capturar individuos normalmente no involucrados con sus temas en cuestión, su umbral de multiplicación, los mecanismos para crearlo, las réplicas que genera, sus contrarréplicas y las consecuencias de su popularidad. Citando gráficas e investigaciones que documentaron las ubicaciones geográficas de los tuits que utilizaron el hashtag al inicio de la campaña antiKony, Campbell señala que antes de la viralización primero hubo una red de activismo (un network, vaya) alrededor de los miembros de “Invisible Children como organización misionera proveniente de la tradición evangélica americana”. Es decir, #Kony2012 no se viralizó de la nada, sino mediante una organización real de jóvenes residentes de ciudades medianas de Estados Unidos donde el cristianismo evangélico está fuertemente representado.

El video de Kony no se hizo viral en el sentido de despegar mágicamente sólo porque fue colocado en plataformas de medios sociales o porque únicamente fue difundido por celebridades. Se hizo viral porque había una red preexistente de activistas, construida en años de estrategias de comunicación de Invisible Children, quienes utilizaron los canales de las redes sociales para difundirlo masivamente.

Aunque el título de este artículo diga lo contrario, Twitter no esfumó a La Volpe en un día. Hubo más bien una comunidad preexistente y organizada en torno al “antiLavolpismo” (entendido éste simplemente como aquéllos opuestos a una segunda dirección técnica del bigotón en la selección). Sólo después de que dicha comunidad preexistente se manifestó en redes sociales es que puede decirse que el antiLavolpismo se viralizó y fulminó a La Volpe en 60 horas.

Si en #Kony2012 el llamado a la acción –haya sido para aceptar o contestar la campaña– fue centrado en la brutalidad y la atrocidades cometidas por los niños-soldados reclutados a sangre y fuego por el guerrillero/terrorista ugandés, en el caso de La Volpe fue colocado en declaraciones, señalamientos y juicios por parte de dueños, directivos y periodistas miembros del mundillo del fútbol mexicano. “Él no está considerado como candidato a la selección”, declaró Jorge Vergara el martes temprano; “su regreso sería un retroceso”, dijo horas después Néstor de la Torre, director deportivo del Guadalajara y hermano de José Manuel, quien fuera técnico nacional al inicio del último hexagonal de la Concacaf. “Cree en cábalas, en feng-shui y es esotérico”, se sugirió al día siguiente en una entrada de blog retuiteada por varios nombres propios del periodismo futbolero. “Es que no ganó ni hizo nada allá donde fue después de su paso por la selección”, rezó el que tal vez fue el juicio más repetido y contundente contrario a La Volpe.

Posiblemente el Lavolpismo (entendido éste simplemente como aquéllos a favor del regreso del estratega argentino) era minoritario respecto al antiLavolpismo y acaso también éste último más temprano que tarde descarrilaría a aquél. No obstante, lo que está a debate no es la victoria de una posición popular contra una impopular –la designación de Qatar como sede mundialista probablemente sólo tiene el apoyo de Joseph Blatter y de un puñado de qataríes y aún así sigue vigente– sino la rapidez y la contundencia con que las redes sociales pueden echar abajo una posibilidad verosímil y generalizada. En otras palabras: el cómo y en cuánto tiempo el fenómeno viral se multiplica, genera réplicas y contrarréplicas con consecuencias basadas en su grado de popularidad y la construcción de su mensaje.

En eso se enfocó David Campbell y por eso concluye que la viralización no es obra de la generación espontánea y que más bien responde primordialmente al trabajo organizado de una comunidad real de personas reales, la red preexistente, que sólo después se manifiesta en la red social. Por tanto, dice Campbell, las diferencias entre medios tradicionales y medios modernos aún no están bien establecidas ya que están interconectados entre sí. El retorno de La Volpe fue hecho imposible en 60 horas de Twitter por el antiLavolpismo preexistente en despachos directivos, redacciones de prensa y sets de televisión. Sólo así podemos entender que el potencial regreso del único técnico capaz de calificar a México a un mundial sin perder el trabajo en el intento haya sido descartado como si La Volpe no entrenara equipos de futbol y dedicase su tiempo en cambio a reclutar niños-soldados para hacer la guerrilla en suelo ugandés.

César Martínez