Donald Trump, ricachón y raboverde sin cuartel, dejó de existir cuando decidió postularse en las primarias del Partido Republicano hacia la Casa Blanca y así transformarse en la caricatura espontánea y superficial del longevo y profundo discurso antiinmigración que ha formado la política y permeado la sociedad de Estados Unidos por generaciones. El fracaso de Team USA en la Copa Oro tras una seguidilla de partidos insufribles que culminó en la hecatombe ante Jamaica ha provocado una ola de críticas hacia Jürgen Klinsmann por alinear futbolistas repatriados, esencialmente, desde las ligas de México y de Alemania.

Trump

Por un lado, las dirigidas contra los mexicoamericanos son en lo básico contra los mexicoamericanos que juegan en México. Próceres de antaño como Carlos Bocanegra, quien nunca jugó al sur del Río Bravo y ligó temporadas aceptables en el Fulham de la Premier League, y jugadores franquicia de la MLS, como Omar González, son los mexicoamericanos intocables acaso por ser “los hechos en casa”. En cambio la lista de mexicoamericanos de la Liga MX señalados por sus discretísimas participaciones con Estados Unidos se extiende a Edgar Castillo, José Francisco Torres, Michael Orozco, Greg Garza, Joe Corona, Hérculez Gómez y, recientemente, el americanista Ventura Alvarado.

Por el otro, los hay también quienes apuntan a Klinsmann por la “germanización” de Estados Unidos. “Germanizar” es aquí sinónimo de convencer a jugadores de clubes de la Bundesliga, hijos de soldados estadounidenses –mayoritariamente afroamericanos– estacionados en Alemania durante la Guerra Fría, para representar a US Soccer a nivel de selecciones. La lista es casi tan extensa como la de mexicoamericanos de la Liga MX y la discreción de sus participaciones con selección mayor es más o menos igual: Terrence Boyd, Julian Green, Timothy Chandler, Fabian Johnson, Jermaine Jones y John Brooks, éste pareja de Alvarado en la defensa central. Ambos ciertamente se comieron el primer gol jamaiquino de saque lateral.

En el escenario político estadounidense, los mejores argumentos contra Donald Trump no se enfocan en atacarlo a él como el hombre sino como la máscara-caricatura del discurso que usa al migrante como chivo expiatorio de los males económicos y sociales que aquejan estructuralmente a Estados Unidos. Robert Reich, exsecretario del Trabajo durante la administración de Bill Clinton, y Bernie Sanders, aspirante independiente a la postulación presidencial por el Partido Demócrata, han abanderado la causa por el fin de los privilegios fiscales a los multibillonarios estadounidenses decretados por George W. Bush para, de este modo, aumentar el gasto público y elevar el salario mínimo –starvation wage to a living wage– y atacar así el corazón del discurso del migrante como ladrón de empleos y depresor salarial.

Asimismo, el discurso que responsabiliza a Klinsmann por “mexicoamericanizar” y “germanizar” al Team USA en el fracaso más grande de tiempos recientes es un discurso que busca chivos expiatorios para un mal mucho mayor que aflige al futbol estadounidense: la falta o deficiencia de un sistema de generación de talento joven. Desde la camada dorada de Landon Donovan, en Estados Unidos las selecciones juveniles han navegado por la medianía  y el mal se agudizará más cuando los clubes de la MLS comiencen a independizarse paulatinamente de la federación. Un programa de búsqueda de talento en el extranjero, de scouteo ya sea en México o en Alemaniaes siempre complemento y nunca substituto de un buen sistema de fuerzas básicas.

Klinsmann está inmerso en un escenario grave con una parte de la prensa que, al igual que una parte de aquélla que cubre política, usará ese viejo discurso de culpar al foráneo que tan buenos resultados da cuando ciudadanía y afición se ocupan más en la caricatura de moda que en el gran debate estructural.

César Martínez