Esto es lo más grande que le pasó a Chile desde el rescate sanos y salvos de los 33 mineros sepultados bajo tierra en Copiapó, norte del país, allá por finales del 2010. La mina San José utilizada para la extracción de cobre y oro era operada por una compañía de capital privado que alegaba no poder realizar las tareas de rescate por exceder éstas sus capacidades financieras y fue así que el clamor de los chilenos forzó al gobierno del entonces presidente Sebastián Piñera a tomar cartas en el asunto: si en La Moneda no había voluntad política, la gente no les dejaría de otra más que demostrarla. Tras 69 días bajo tierra, los 33 salieron a la superficie.

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El gran discurso durante las transmisiones en vivo de los rescates para todo el mundo —BBC, CNN, NBC y demás— fue el de un gobierno movilizando tecnología espacial y a expertos internacionales en perforación geológica para salvar vidas. Piñera mismo, de un inglés sumamente fluido, no paraba de conceder entrevistas y de hacer hincapié en los grandes recursos públicos —económicos y humanos— invertidos en los 33. Un nuevo discurso era necesario tras el terremoto y tsunami que sacudió las costas del país y que acabó con el patrimonio de miles de familias: si bien tal catástrofe despertó al Chile de la solidaridad, las notas periodísticas que documentaban actos de rapiña entre la población civil despertaban al Chile escéptico de su propia y asumida bonanza económica.

“A los argentinos que reciban la bandera de Chile no la rompan, si no les vamos a sacar la cresta”, dijo Leonardo Farkas —minero millonario chileno que es popular por lo chabacano y lo filántropo— a la salida de la reunión con dirigentes del futbol local para organizar la distribución de las 40 mil banderas de Chile vistas en las tribunas del Nacional previo a la final de la Copa América. Se trataría de un solo elemento de un nuevo discurso más grande que el del rescate gubernamental de los 33: el del jet-set chileno departiendo una fiesta de victoria y éxtasis con los aficionados del deporte más popular de Chile, el cual hasta ayer ningún motivo de alegría le había entregado a dicho país.

La selección misma, la Roja, es ahora un símbolo de unión entre los distintos sectores sociales. Si la contribución de Farkas reflejó el aporte del mundo de la farándula, entonces los rostros de cada futbolista chileno confirman la diversidad de una nación que, al menos jugando a la pelota, supera sus divisiones. Gary Medel, Mauricio Isla, Charles Aránguiz, Edu Vargas, Alexis Sánchez y Arturo Vidal. Ellos y sus historias individuales reflejan que su balompié incluye también a los sectores menos incluidos y más desfavorecidos cuando el talento está presente. El que lea, por ejemplo, una alineación de la Selección Mexicana (comparación bastante odiosa, como todas es sabido), notará que los mexicanos, uno, descienden algunos de familias de raigambre futbolera —Rafa Márquez, Javier Hernández Balcázar y los hermanos Dos Santos— , o dos, vienen de ciertos sectores del México más urbanizado —Guillermo Ochoa, Miguel Layún y Andrés Guardado—. Mientras en México a futbolista profesional suele llegar aquél con los medios para pagar las fuerzas básicas o los enchufes en las divisiones inferiores, en Chile y —otros países sudamericanos— a profesional suele llegar aquél que esencialmente se lo ganó y que también esencialmente fue reclutado vía un sistema de visores que desde luego requiere mucha inversión y voluntad política. Desde los inhóspitos desiertos del norte hasta los gélidos bosques del sur pasando por la periferia más pobre de Santiago, los futbolistas de esta selección de Chile rompen los muros levantados por la sociedad y la economía.

“Es muy lindo para nosotros, los chilenos necesitaban esta alegría”, declaró Vidal al poco de anotado el cobro penal de Alexis, su compañero de mocedades en el Colo-Colo una década atrás, que le dio la primera copa a Chile frente al temible rival transandino. El mundo en 2010, mediante transmisiones satelitales, se quedó con el discurso del gobierno rescatista de los 33 y acaso descuidó el discurso de las ganas de vivir, el compañerismo, la tenacidad de aquéllos dentro de la mina y la solidaridad de aquéllos en la superficie. Las palabras de Vidal son la muestra del nuevo discurso nacional para Chile y los chilenos tras la Copa. El que incluye a Alexis, a sus compañeros, a la afición, al país y ¿por qué no? también a Leo Farkas.

@CesarKickoff

 

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